José Rizal: la poesía del patriotismo

Había una librería en la ciudad española de Sevilla que vendía una antología de poemas considerados los mejores en lengua española. Entre las obras contenidas en sus páginas estaba el poema de José Rizal escrito en vísperas de su ejecución el 30 de diciembre de 1896. Por una razón u otra, Rizal no puso título a ese poema. Sus biógrafos ahora nos lo harían saber con el nombre Mi Ultimo Adios. Los editores españoles del libro lo llamaron Despedida.

But the prosaic title given to the poem could not hide the lofty flights of lyricism in its stanzas. Rizal was given to rhythmic lines. In his Mi Ultimo Adios, he wrote: Adios Patria adorada, region del sol querida, perla del mar del oriente, nuestro perdido Eden. In his Me Piden Versos written in Madrid in 1882, he mused: piden que pulse la lira, ha tiempo callada y rota, si ya no arranco una nota, ni mi musa ya me inspira. Ever the romantic, he sang to his beloved Josephine: Josefina, Josefina, si tu suerte te encamina, en Japon China o Shanghai, no te olvides, que en estas playas, late por ti un corazon.



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Rizal no parecía haber comenzado a escribir en español. Entre sus primeros poemas se encuentra el conocido Sa Aking Mga Kabata escrito en tagalo cuando tenía ocho años, donde articuló su ahora famoso aforismo: Ang hindi magmahal sa kanyang salita mahigit sa hayop at malansang isda. Pero su genio no podía limitarse a los límites parroquiales. Luego llegó a dominar no solo el español, sino también otros idiomas. Él era el lingüista non pareil. Se sabía que hablaba un total de 18 idiomas extranjeros. En poco más de un año en Alemania aprendió a hablar en alemán, dando una conferencia en ese idioma su Tagalische Verskunst ante la Sociedad Antropológica de Berlín en 1887.



Fue el año en que Rizal, de 26 años, publicó su primera novela, Noli Me Tangere, en español. A una edad en la que los estudiantes universitarios todavía estaban luchando con 24 unidades de español, había escrito una obra maestra literaria, un comentario social punzante en la tradición de La cabaña del tío Tom de Stowe, que mostraba el paralelo entre los negros esclavizados de América y la suerte de los filipinos bajo la España colonial. En cierto sentido, el Noli fue la agitación madura de un alma que se nutrió desde los primeros años de amor por la patria y se endureció por las frustraciones personales de la vida posterior. Mayor Isko: Todo para ganar, todo para perder ¿Compañeros de cama separados? Lo que aflige a la educación filipina

¿Qué melodía inquietante podría haber acompañado la interpretación de María Clara de Sweet are the hours In one native land? Dulces las horas en la propia patria, donde es amigo cuanto alumbra el sol, vida es la brisa que en sus campos vuela, grata la muerte y mas tierno el amor. O quién no pudo haber sentido empatía por Elías al final del libro cuando miró hacia el este y dijo: muero sin ver la aurora brillar sobre mi patria… no os olvideis de los que han caido durante la noche. Los traductores ingleses decían esto: Me muero sin ver brillar el amanecer sobre mi tierra natal… No olvides a los que han caído durante la noche. La cita se convirtió en la fuente del título de un gran clásico de la literatura filipina, la novela Sin ver el amanecer escrita por Stevan Javellana en 1947.



La idea de patriotismo ya dominaba en las primeras obras de Rizal. Sus poemas premiados fueron escritos cuando era estudiante en la Universidad de Santo Tomás. En A La Juventud Filipina, exhortó a la juventud filipina a salir del letargo y dejar que su genio desate las cadenas que los ataban.

Pronto se recuperó de los males que vio infligidos a sus compatriotas por las costumbres del dominio colonial. En 1882 partió hacia España para continuar sus estudios y ampliar sus perspectivas sociales y políticas. Tenía entonces 21 años. Sentía muchísima nostalgia, pero, despertado su nacionalismo, se quedó, rejuveneciendo a los expatriados filipinos en Madrid. Escribió El Amor Patrio para el primer periódico bilingüe de Filipinas mostrando la sensibilidad que solo un hombre que suspira por su lejana casa puede sentir.

Incluso en prosa, era el bardo que se elevaba con alas de elocuencia poética, como escribió uno de sus biógrafos. Su brindis por Luna e Hidalgo por sus logros en las bellas artes puede considerarse una de sus mejores entregas públicas en defensa del genio de la raza filipina. En Alemania, cuatro años después, vio las maravillosas flores de Heidelberg. Siempre solo por casa, se refirió a estas flores en su A Las Flores De Heidelberg: Id a mi patria, id extranjeros flares, sembradas del viajero en el camino, y bajo su azul cielo, que guarda mis amores, contad del peregrino, la fe que alienta por su patrio suelo.



Después del Noli, Rizal completó solo una novela más, El filibusterismo, que continuó la saga de Crisostomo Ibarra en la persona del enigmático revolucionario Simoun. Probablemente el pasaje más dramático de la obra fue cuando el sacerdote filipino Padre Florentino se enfrentó al moribundo Simoun. El coloquio que siguió fue desgarrador. El sacerdote miró la figura postrada y murmuró: ¿Dónde esta lajuventud que ha de consagrar sus rosadas horas, sus ilusiones y entusiasmo al bien de patria?

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Rizal aún confiaba en la juventud filipina a quien antes se refería en A La Juventud Filipina como la hermosa esperanza de la patria: la bella esperanza de mi patria mia.

Algunos poemas más notables salieron de su fácil pluma. Fue su Himno A Talisay, escrito en Dapitan en 1895, el que se convirtió en una de las pruebas en su contra en su juicio un año después. Aquí escribió sobre el árbol talisay cuyo frondoso crecimiento simbolizaba la transformación de los jóvenes en almas poderosas en cuerpos pequeños —alma grande en un cuerpo chiquito— que pueden proteger los derechos de sus familias.

El martirio de Rizal fue inevitable. Había despertado el espíritu de libertad en los corazones y las mentes de los filipinos de su tiempo.

Mario Guariña III es ex juez adjunto de la Corte de Apelaciones.