Mis mejores deseos, mi nuevo presidente; feliz cumpleaños mi amor

OPINIÓN Por: Fernando Fajardo 19 de mayo de 2016 - 09:43 p.m.

Reflections from Paseo de Coro

Felicitaciones a mi nuevo presidente electo. A usted le doy todo mi respeto y apoyo como nuevo presidente de nuestra tierra. Yo no voté por usted, pero la mayoría de nuestro pueblo votó por usted. Como vivimos en democracia, usted también es mi presidente. El nuestro también es un gobierno representativo.



Esto significa que, como presidente de nuestra tierra, me representas en el tratamiento de todos los temas que me afectan a mí en particular y a toda nuestra gente en general. Es decir, para proteger a los débiles entre nosotros preservando nuestro derecho a vivir una vida segura y abundante y lejos de las garras de los poderosos y codiciosos. Espero que tú también lo hagas.



Esa fue una batalla muy reñida que tuvo por los corazones y las mentes de nuestro pueblo. Saliste en la cima. No estaba de tu lado pero ya no tengo nada más de que quejarme. Eres el ganador. El ganador se lo lleva todo, incluido yo mismo, como su nuevo partidario. No tengo otro recurso porque tu fracaso es mi fracaso y tu éxito mi éxito. Entonces, mi nuevo presidente, le deseo lo mejor en los próximos seis años. Tiene todo mi apoyo y cooperación.

¿Cómo le apoyo, mi nuevo presidente? Estuve en el gobierno antes. A mi edad actual, no espero volver allí para servirle. Le apoyaré no directa, sino indirectamente, simplemente haciendo lo mejor que pueda y, por poco que sea, para ayudar a mejorar aún más el bienestar de nuestro pueblo, que, como usted mismo admitió indirectamente, ha mostrado cierta mejora bajo la administración saliente.



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Dijiste algo que maganda naman ang takbo ng ekonomiya natin, ¿por qué arreglarlo? Mejorémoslos más o algo así. Creo que esa es también la razón por la que su agenda económica de ocho puntos parece una repetición de Daang Matuwid con mejoras en algunas áreas, como usted enfatizó. Por seguir haciendo lo bueno del gobierno saliente, lo respeto más, mi nuevo presidente.

Fuera del gobierno, ¿qué puedo hacer para ayudarlo, mi nuevo presidente? Te ayudo simplemente haciendo mi mejor esfuerzo en todo mi trabajo en los días restantes de mi vida.

Como profesor de medio tiempo, ayudo a mis estudiantes en la escuela y a otros que escuchan mis charlas afuera y leen mis escritos aquí para comprender mejor cómo funciona la economía y cómo podemos responder cuando algo sale mal.



Al hacerlo, les hago comprender las políticas económicas que guían a la nación y cómo cada uno de nosotros puede ayudar a lograr nuestros objetivos de desarrollo nacional.

Como consultor, ayudo a las unidades del gobierno local a ver dónde están y por qué y qué se puede hacer para mejorar sus situaciones a través de una buena planificación y preparación de proyectos.

Y por último, como ciudadano común y respetuoso de la ley, te ayudo sirviendo de buen ejemplo a todos mis vecinos y amigos, incluidos todos aquellos que no conozco personalmente pero que me ven todo el tiempo en el trabajo, en el juego y en casa.

Hoy es el cumpleaños de mi difunta esposa, el segundo desde que se fue para siempre a la siguiente vida. A ella hoy vuelvo a abrir mi corazón para decirle que no te he olvidado. Eras, eres y siempre estarás en mi corazón y en mi mente. Hasta que muera.

¿Cómo puedo olvidarte cuando incluso hasta ahora, solo ver tu imagen en mi mente ya haría que mi corazón latiera rápido de nuevo como si ya fuera el último? A ti, mi amor, he dedicado mi vida desde que nos conocimos en ese inolvidable y hermoso verano de 1969 durante la fiesta de Santa Mónica.

Antes de eso, solo te vi una vez caminando por la calle como una niña pequeña sosteniendo la falda de tu tía sin hijos que te adoptó. Como muchos jóvenes locos, mis amigos y yo nos burlamos de ti. Hoy, dili man na imong mama ba.

Burlarse de ti fue divertido entonces, pero verte de nuevo muchos años después, en ese verano de 1969, supe que nuestro acto fue el de un tonto del que me arrepentí tanto. Porque ante mí, en ese verano inolvidable, estaba una joven que estaba comenzando a florecer, a punto de enfrentarse al mundo real de hacer creer a los jóvenes de corazón.

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Verte de nuevo entonces fue como ser golpeado por un rayo. Nunca supe lo que vendría. Cerré mis ojos. Cuando los volví a abrir, supe entonces cuál era el verdadero significado de la palabra amor que leía u oía tan a menudo en una canción. Era inexplicable, insondable. No podía creer lo que sentía. Como recién graduada de la universidad antes de ese verano, ya he visto tantas caras y he estado cerca de tantas jóvenes en muchos lugares. Pero nunca sentí lo mismo que sentí cuando te volví a ver en ese verano y fiesta de Santa Mónica.

Hablamos cuando te visité unos días después en la casa de tu verdadera madre donde te quedaste un rato después de la fiesta. En ese mismo momento, supimos que estábamos hechos el uno para el otro. Dos años después nos casamos, tuvimos cuatro hijos y vivimos felices como si no hubiera más allá. En 2007, descubrimos que padecía la enfermedad más temida. Cáncer.

En marzo de 2012, su enfermedad ya estaba más allá del punto sin retorno. Tres semanas o tres meses más, eso era todo lo que podíamos esperar, nos dijeron. Con el amor y la gracia de Dios y la droga milagrosa así llamada, logramos hacerte vivir casi tres años más. Eventualmente te perdí, pero no se diga que te perdí en vano.

Porque en todo el período que tuviste cáncer, supe que pasamos los momentos más felices de nuestra vida, cuidándonos unos a otros y saboreando todo el amor que podíamos tomar y darnos. Hasta que nos volvamos a encontrar, querida Ale.